György Ligeti nació en Transilvania en 1923, en el seno de una familia de judíos húngaros. A él, como a muchos de sus contemporáneos, le tocó sufrir los espantos que se vivieron en Europa a mediados del siglo XX.
A los 21 años fue obligado a realizar trabajos forzados, transportar explosivos y a llevar la cinta amarilla exigida por la legislación antisemita húngara. Cuando los nazis se hicieron con el país en 1944, empezaron también las deportaciones a los campos de la muerte. Ligeti se dio cuenta de que en cualquier momento se lo podían llevar a él o en el mejor de los casos recibir un tiro de la SS, desertó de la primera linea del frente y cayó en manos de los soviéticos, logró escapar otra vez. De vuelta a su casa, a pie, descubrió que los rusos se habían hecho con el control del país y que en su casa ya no vivía su familia. Al acabar la guerra se enteró de que su padre había muerto en Bergen-Belsen, su hermano en Mauthausen y sus tíos en Auschwitz. La única que sobrevivió a este infierno fue su madre.
Todo esto, sin duda, tuvo consecuencias en su música. Al principio coqueteó con el movimiento vanguardista de su época y se inclinó hacía el extremo más absurdista. Por suerte, se cansó de esto y decidió volver a la escritura instrumental.
Su música instrumental es amplia y misteriosa capaz de abrir puertas a mundos desconocidos, más inquietante que oscura. Aunque él era ateo, escribió dos obras con connotaciones religiosas, Requiem y Lux Aeterna. Los cantantes susurran, hablan, braman y gritan, creando una especie de aullido subhumano mediante la superposición de las voces. Como el lamento de almas perdidas.
Stanley Kubrick,utilizó estas dos obras, entre otras, en su película 2001: Odisea del Espacio. No puedo obviar que Kubrick utilizó estas obras sin la autorización de Ligeti y no quiso pagar al compositor, hasta que no llegó a su fin la demanda legal. (Vaya un jeta este Stanley...)
Aqúi te dejo con una interpretación del Requiem y de Lux Aeterna.
Cierra los ojos.